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ALIMENTACIÓN ECOLÓGICA

  • Foto del escritor: Daniel Calvo Benavides
    Daniel Calvo Benavides
  • 1 dic 2020
  • 4 Min. de lectura

La alimentación ecológica es aquella basada en la compra, en la ingesta y la defensa de ingredientes que han sido cultivados o elaborados siguiendo métodos de producción que cuenten con varios elementos esenciales como el empleo de procedimientos y técnicas naturales, el respeto hacia el mundo animal, la preservación del medio ambiente y la protección de la salud.

De ahí el rechazo hacia el uso de componentes químicos y organismos genéticamente modificados o la limitación sobre el uso de aditivos. El objetivo de este tipo de alimentación es promover el bienestar animal y garantizar la biodiversidad evitando la contaminación ambiental.



Los diferentes tipos de productos de la alimentación ecológica son:

- Ecológicos. Los productos ecológicos son los que se cultivan de la manera más natural posible y con técnicas que minimicen el impacto humano en el medio ambiente, por eso, se recurre a la rotación de cultivos, se renuncia al uso de pesticidas sintéticos, abonos químicos, herbicidas y hormonas y antibióticos para el ganado, entre otras cosas.

- Orgánicos. Se tiende a pensar que los productos orgánicos o biológicos son diferentes, sin embargo, son sinónimos de ecológico. Los productos ecológicos pueden denominarse también orgánicos, biológicos o “bio”.

- Biodinámicos. Los productos biodinámicos cumplen las características de los ecológicos, pero, además, a la hora de sembrar, cosechar y podar se tienen en cuenta las estrellas y la luna, es decir, el movimiento de los astros.

- Slow. Los denominados productos ‘slow’ son los que se elaboran de manera tradicional, de forma más lenta. El movimiento Slow Food defiende las tradiciones gastronómicas regionales y sus productos y métodos de cultivación propios. Slow Food surgió en Italia como protesta contra la ‘Fast Food’ y sus procesos de elaboración artificiales e industriales.

- De proximidad. Los productos de proximidad o de km0 son los que se han cultivado y elaborado en un radio no superior a 100 km entre el productor y el consumidor. Al no ser productos que vienen de mercados internacionales, se fomenta y apoya la producción, agricultura y ganadería local.

La alimentación ecológica es una tendencia al alza el consumo de alimentos ecológicos ha aumentado, solo en el último año, en casi un 25% y si nos fijamos en la que le dan las cadenas generalistas de supermercados vemos como ha aumentado. Si hasta hace poco la pugna era apretar los precios al máximo por medio de las marcas blancas, ahora, las secciones ecológicas ganan terreno en sus locales, tanto en las grandes superficies como en sus establecimientos de proximidad, de menor tamaño. Ese aumento, visto en perspectiva, está lejos de ser una moda pasajera.

La agricultura ecológica además de tener múltiples beneficios para la salud supone un claro apoyo a la economía local, la biodiversidad y la identidad rural. Esta es una de las principales conclusiones extraídas por el grupo de consumidores y expertos en agricultura ecológica que participaron en la visita a la Finca Algendaret Vell.

Uno de los principales problemas de este tipo de alimentación es el precio, pero desde hace unos años han ido surgiendo establecimientos especializados en productos ecológicos, la mayoría de proximidad. El problema era que, según el Ministerio, el precio estaba entre un 25 y un 50% por encima del de alimentos convencionales, una barrera que hasta ahora los relegaba a un público minoritario. Sin embargo, el aumento de la disponibilidad en las estanterías de todo tipo de establecimientos ha hecho que, afortunadamente, la situación haya cambiado mucho en los últimos años.

Entre los productos que más aumentan su precio por la certificación como producto ecológico destaca la canela, cuya en su versión ecológica es de media un 390% más cara que la que no lo es. Además, otros productos de uso cotidiano como el arroz blanco redondo (+353,5%), el café instantáneo (+340%) y la sal gruesa marina (+311%) ven multiplicado su precio por cuatro debido a esta característica.

En otro tipo de alimentos el aumento es menor, tan solo de unos céntimos. Es el caso del chocolate con un mínimo de cacao del 70%, cuyo precio tan solo aumenta un 23,5%, de los 1,09 euros hasta los 1,35 euros en su versión más básica. El aceite de coco aumenta su precio de media en 38 céntimos por cada 100 gramos y en el caso del vinagre de manzana tan solo implica un aumento 0,10 euros en su versión bío.

A pesar de esto, el estudio ‘Our Green World’, realizado a través de Internet en 17 países revela que un 66% de los españoles estarían dispuestos a pagar más por productos que no dañen el medio ambiente. Esta cifra es superior a la media mundial, que se sitúa en el 59%, aunque entre diferentes países se observan grandes diferencias.


En cuanto a la distribución de este tipo de alimentos lo primero que cabe señalar es la baja circulación de productos ecológicos en el total de distribución convencional en términos generales, aunque es cierto que en los últimos años se ha producido un aumento y ya empiezan a introducirse referencias bio en los lineales de las principales cadenas de gran consumo.

Actualmente el formato que siguen las grandes superficies e hipermercados (Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés…) es el de contar con zonas dedicadas a la categoría bio, donde cuentan principalmente con línea envasada de seco y una pequeña selección de productos frescos ecológicos.

Las asociaciones de agricultura ecológica, de defensa del territorio, ecologistas, y otras muchas tipologías, han tenido un papel primordial en el desarrollo de la alimentación ecológica. Han realizado acciones de difusión, información y comunicación.

 
 
 

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